Ese día era devastador en cierto sentido, no podía creerlo, al sentarme en mi pupitre de un momento a otro quede con la mirada fija en la ventana, sin pensar en lo que decía el profesor con sus historias subjetivas que cada vez se hacían más tediosas., pierdo el sentido, quito la mirada sin saber qué sucedía a mí alrededor, el profesor no se dio la molestia de regañarme y siguió con su clase.
Observo a mi alrededor… fue una lástima saber que todos seguían en lo suyo como si el profesor fuera una cortina rota, decrépita y que nadie quiere comprar, pero nadie cae en cuenta de esa chica con una ropa peculiar, tenía una túnica blanca haciendo resaltar del resto,como si fuese el único “ángel” en toda la habitación, sentada en aquella esquina observando detenidamente la ventana que se encontraba en frente de ella, viendo cómo corre el tiempo., cada minuto, cada segundo.
De un momento a otro, baja la mirada y observa sus delgadas y pálidas manos pensando en lo que podría pasar si ese tiempo se acabase; lamentablemente consciente de que se le acaba el tiempo., soltó una lágrima, mientras caía de su sonrojada y suave mejilla, agradeció el poco tiempo que tenía y me miró; desde ese momento me sentí como si tuviese un gran hueco en el corazón, sabía que nada iba hacer igual, soltando lágrimas, intentando no crear un nudo en la garganta, arrepentido de no hablarle, fui hacia ella pero poco a poco se terminaba el poco tiempo que le quedaba, que cuando llegue era demasiado tarde para decirle un “hasta pronto”.